Hace unos días, en el parquecito donde suelo llevar a Coco a que corra y haga sus cosas, coincidí con un compañero, dueño también de dos perros, y habitual del parque como yo.
Como tenemos horarios distintos en el trabajo no solemos coincidir con los perros, aunque esta mañana me lo he vuelto a encontrar lo que me ha recordado que tenía que escribir esto.
Me contó que un día paseando por el susodicho parquecito, llegó el momento de recoger con la bolsita al uso la deposición de su mascota. Hasta ahí todo normal. Lo curioso es que el momento de la recogida coincidió con una madre y su hijo camino del colegio.
-¡Mamá, mamá! ¡Ese hombre coge las cacas!
-¡No mires, hijo, no mires!
Por lo menos, no las recogía con una gabardina entreabierta, digo yo.











No sabía que tenías un blog… Esta historia es muy buena y deja bien claro la poca “no sé cómo decirlo sin ofender” de la gente, jajajaja…
Hasta pronto.