Según la forma en la que se lea puede ser desde un catálogo de calamidades, un cúmulo de propósitos o un soneto de Lope.
A que llamo.
Según la forma en la que se lea puede ser desde un catálogo de calamidades, un cúmulo de propósitos o un soneto de Lope.
A que llamo.
Hoy en la Piscina Municipal una chica le daba las primeras nociones de manejo del equipo a la que, supongo, sería su alumna. No conseguía hundirse, la pobre. Qué de recuerdos: muy buenos ratos, inmersiones increíbles, algún que otro mal ratillo, grandes compañeros, mi Aladdin, algunos no tan buenos, barcos, corriente, tiburones, mi compañera de buceo, mis fotos…
¡Tenemos que volver al agua!
Muchas pequeñas historias en una sola foto de septiembre.

Siempre está bien echarle un ojillo de vez en cuando. Aquí lo tenemos.
En El País de hoy encontramos esta bonita instantánea.
Hace unos días, en el parquecito donde suelo llevar a Coco a que corra y haga sus cosas, coincidí con un compañero, dueño también de dos perros, y habitual del parque como yo.
Como tenemos horarios distintos en el trabajo no solemos coincidir con los perros, aunque esta mañana me lo he vuelto a encontrar lo que me ha recordado que tenía que escribir esto.
Me contó que un día paseando por el susodicho parquecito, llegó el momento de recoger con la bolsita al uso la deposición de su mascota. Hasta ahí todo normal. Lo curioso es que el momento de la recogida coincidió con una madre y su hijo camino del colegio.
-¡Mamá, mamá! ¡Ese hombre coge las cacas!
-¡No mires, hijo, no mires!
Por lo menos, no las recogía con una gabardina entreabierta, digo yo.